miércoles, 14 de julio de 2010

Javi, el lobo y los tres cerditos



Consternado, mi hijo de dos años, con vocesita y mal pronunciando llegó a informarme que ¡el lobo feróz se quiere comer a los tres cerditos! Es increible como un niño de esa edad comienza a iconizar el peligro en forma de lobo -y eso que no sabe que a la abuelita de caperucita sí se la tragó-. No te preocupes, contesté, se los está queriendo comer desde hace muchísimo tiempo y no les pasa nada.

Me quedé pensando que en este momento sólo le preocupa lo que no existe pero en la vida tendré que irle definiendo la cantidad de"lobos feroces" que existen, y tal vez lo peor: el mal sí nos rodea sigilosamente y no necesariamente el bien siempre triunfa sobre la maldad.

Tantos lobos que te roban las ilusiones, que nos arrebatan la paz. Qué me dicen de ese lobo que todos hemos visto cuando se ama a quien no nos corresponde y lo doloroso que es cuando no importa todos los sentimientos buenos que se tengan por el otro él no puede correspondernos porque el amor nace no se hace. Incluso, la terrible realidad que todos tendremos que vivir: las personas que nos aman fallecen. Se van, no sé si al cielo, pero sí a un lugar donde ya no podremos verlas. Ahí sí no hay casa que nos resguarde. El lobo carcome las esperanzas mientras esperamos inútilmente que llegue el leñador, entonces el reto está en saber recuperarlas.

Hay amor, suspiré, ¿Cuántos lobos feroces tendré que asutarte y cuántos de ellos no podre?

Si, mi niño, el lobo se quiere comer a los tres cerditos pero duerme tranquilo aquí está tú mamá.

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