
Hay un topacio dentro de la vida que todos queremos alcanzar, envuelto en miles de espejismos y que pocos sabemos distinguir. Hay, en la vida, un topacio hecho a base de sentimientos hirientes y atenuantes que los seres humanos tratamos de equilibrar.
Hablamos de hombres y mujres que se aman y destruyen por una sola ilusión: obtener aquel topacio, sin darse cuenta que sólo somos seres buscando lo mismo... alguien que nos ame y podamos llegar a amar.
Todos anehelamos aquello que pocos tienen... el brillo de esa piedra que parece encontrarse en el centro de la tierra o en el fondo del mar. Para obtenerlo debemos pasar por lava y por hielo, por brisa y huracán, por tierra y arena, por cielo y por mar.
Todos escalamos, rodamos, brincamos y algunos incluso, sin alas, nos atrevemos a volar con tal de gozar de su brillo por el resto de nuestra vida y por tener un destello de él a la hora de nuestra muerte.
No hay mapa ni rastro. No hay norte o sur, simplemente somos cigos o zombis deslumbrados por su luz. Algunos lo encuentran desde niños otros mueren ignorando su existir. Algunos lo tuvieron a la mano y lo dejaron ir, otros pasaron junto a él y, simplemente, prosiguieron.
De algunas manos resvaló y quebró en el vacío. Otos lo abandonaron, unos, quizá, sólo huyeron al pensar que era una imitación barata.
Quizá, otros lo extraviaron entre las cosas de la vida o lo olvidaron en un cajón. Tal vez, como yo, después de volar tantos kilómetros, en el momento que estaba apunto de tocarlo simplemente se desvaneció....
Así todos los humanos seguiremos buscando el topacio del amor.
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