
Para amarte corté mis alas y pisé la tierra, callé mi canto, carté las venas.
Al amarte no me faltaban alas, al dejarte me faltaban fuerzas.
Por ti resucité, viví tu vida, viví tu muerte.
Por seguir tus pasos me quedé sin piernas;
al escucharte los oidos reventaron.
Al tocarte mis manos cayeron, al mirarte mis ojos se cegaron y por besarte los labios se sellaron,
Cuando viste que tus brazos eran lo único que me sostenía me dejaste caer sin ningún paracaídas, sin ninguna red. Fue entonces cuando me di cuenta que flotaba en una nube demasiado alta y que reías al verme caer.
Ya no había brazos, ya no había piernas, ni ojos, ni labios sólo un corazón partido en dos que se bañaba en lágrimas.
Me arrastré entre calles y gente y observé cómo, a la vuelta de la esquina a alguien más levantabas en tus brazos dispuesto a seguir el mismo camino.









