
Te permití quebrantar mi soledad y sembrar en ella compañía...
El collar de perlas que abrazaba mi cuello fue reventado por uno de tus besos y así dejaron de ser lágrimas...
Tomás mis manos y vas quebrantando poco a poco el hielo rosa que las cubre...
Rompes con tu presencia, uno a uno, todos mis recuerdos siendo el único testigo de mi roto corazón...
Eres, simple y afortunadamente, el reconstructor de cada uno de los pedazos de mi alma.
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